Argentina vota la legalización del aborto en medio de una movilización masiva

Argentina estará hoy pendiente del Senado. Los 72 legisladores de la Cámara Alta votan si legalizan el aborto voluntario hasta la semana 14 o lo mantienen en la clandestinidad, al ser un delito penado con la cárcel excepto en el caso de violación o riesgo para la salud de la madre.

Es una votación clave para Argentina y también para Latinoamérica, que tiene al país austral como un referente en la conquista de derechos sociales.

La iniciativa fue aprobada en junio por la Cámara de Diputados, pero todo apunta a que, salvo sorpresas de última hora, se estrellará contra el Senado. Los legisladores sesionarán en un recinto rodeado de cientos de miles de personas, en su mayoría mujeres, movilizadas en las calles a favor y en contra de la ley.

Hasta el momento, 37 senadores han expresado su intención de votar en contra de la legalización del aborto, entre ellos el expresidente Carlos Menem; 31 están a favor, incluyendo a la exmandataria Cristina Fernández, aunque en ese bloque algunos piden cambios; dos siguen indefinidos, uno se abstendrá y otro estará ausente. De confirmarse los números, la votación será negativa y el proyecto de aborto legal quedará sepultado al menos durante un año.

La iniciativa es muy similar a la de los países más desarrollados: libre decisión de la mujer hasta las 14 semanas de gestación y unos plazos superiores si hay riesgo para la madre, el feto o el embarazo es consecuencia de una violación.

Para salvar la ley, los partidarios en el Senado aceptaron modificaciones al proyecto original y presentaron uno nuevo que reducía de 14 a 12 semanas el aborto libre e incluía la objeción institucional, pero no lograron suficiente consenso.

Hoy volverán a intentar introducir los cambios durante la sesión, lo que devolvería el texto a la cámara de origen, la de los Diputados, para su tramitación definitiva.

Al margen del resultado final, el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo ha provocado un terremoto en Argentina, el país del papa Francisco. Ha dejado de ser un tema tabú en la sociedad para aflorar como un crudo problema de salud pública: cada año casi 50.000 mujeres tienen que ser hospitalizadas en Argentina por complicaciones derivadas de abortos.

En 2016, último año con cifras oficiales, 43 mujeres fallecieron por esta causa. La última, Liliana Herrera, murió hace menos de una semana. Con 22 años y madre de dos hijos, perdió la vida por una infección generalizada tras ser sometida a un aborto clandestino.

La media sanción de la Cámara de Diputados a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo fue celebrada en las calles de Buenos Aires por decenas de miles de mujeres con pañuelos verdes, abrazos y gritos de “aborto legal en el hospital”.

Pero la ajustada victoria provocó también una contraofensiva de sectores conservadores de la sociedad argentina, encabezados por la Iglesia católica, los evangélicos y altos cargos del Gobierno de Macri, entre ellos mujeres clave: la vicepresidenta, Gabriela Michetti; la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal; y la diputada Elisa Carrió.