Vivió amarrado a un árbol y le quemaron el hocico con ácido: la batalla por reconstruir al perro Chilaquil

Chilaquil es una cruza de Chow Chow. Pasó entre 6 y 8 años sometido a la crueldad humana, viviendo atado a un árbol y comiendo desperdicios.

En su historia hay muchas lagunas, pero se cree que un día alguien lo desató de ese árbol o él mismo decidió poner fin a la situación y escapó, pero en su camino le arrojaron ácido en el rostro quemándole el hocico y la trufa (la parte negra de la nariz).

Lejos de encontrar compasión para sanar sus heridas fue amarrado a una cabina telefónica donde unos choferes del transporte público decidieron ponerlo para que no fuera atropellado cerca de la transitada avenida Tláhuac, en la Ciudad de México. Ahí tuvo que decidir entre respirar y comer porque por las lesiones no podía hacer las dos cosas al mismo tiempo y decidió respirar hasta que en el mes de febrero fue rescatado por la organización de protección animal Mundo Patitas.

"No sabíamos quién o qué le había causado esa lesión, la veterinaria se percató de que las heridas eran irregulares. No había sido lastimado con una navaja ni con un golpe. Estaban quemados los bordes del hocico, perdió la trufa y su piel se había corrido hacia atrás, lo que provocó que tuviera expuestos los dientes", relata Norma Huerta, integrante de la organización.

Después de ser rescatado fue necesario practicarle una cirugía para que pudiera respirar y comer al mismo tiempo que tuvo buenos resultados. Pero surgió un nuevo problema: Chilaquil nunca había probado las croquetas (comida para perros), "buscaba comida de la basura" o solo aceptaba tortillas, pan o galletas, por lo que ahora está aún en proceso de adaptarse a una nueva dieta.

Tampoco "había conocido las caricias", dice Norma, "y ahora está en un hogar temporal".

Unas personas contactaron a la organización y gracias a ella fue posible saber que el perro había pertenecido a una familia que todo el tiempo lo tuvo amarrado a un árbol.

La protectora de animales señala que quienes le rociaron el ácido no solo destruyeron parte de su rostro que deja expuestos sus dientes dando un aspecto de que es un perro agresivo, sino que, también dañaron su autoestima. Por su aspecto hay gente que no se le quiere acercar y hay perros que cuando lo ven se frenan o adoptan una posición de ataque.

"Muere de ganas de tener amigos perros. En el hogar temporal convive con otros dos perros, pero quiere nuevos amigos. Es un perro muy tranquilo y disfruta mucho de jugar e ir al parque", agrega Huerta.

La organización reúne fondos para practicarle a Chilaquil una segunda cirugía con la que, a través de injertos de piel, se logre tapar su dentadura para que no dé ese aspecto agresivo y, aunque a pesar de la vida de calle y de la agresión que sufrió, no presenta otro tipo de problemas de salud, nunca podrá recuperar su trufa.

Sin embargo, eso no podrá impedir que sea un perro que siga disfrutando de los paseos y pueda hacer nuevos amigos.

INFOBAE